Matar un niño

Luís Cardona Pascual. Disponible en http://www.investigacionyciencia.es/blogs/medicina-y-biologia/16/posts/matar-un-nio-10405

Matar un niño constituye uno de los crímenes más abyectos en las sociedades occidentales. Nada nos causa tanto horror como el maltrato infantil y resulta difícil comprender y matar a un niñojustificar que alguien puede causar, voluntariamente, la muerte de niño. No en vano, Herodes aparece como uno de los personajes más malvados de la Biblia y Dios exige a Abraham, como máxima prueba de fidelidad, el sacrificio de su primogénito. Podría argumentarse que el rechazo generalizado al infanticidio tiene una fuerte base biológica, pues  la supervivencia de nuestros descendientes constituye nuestra  única posibilidad de persistencia en el tiempo, a través de nuestros genes. Sin embargo, se trata de una argumentación errónea, pues desde el punto de vista evolutivo sólo tiene sentido proteger a nuestros propios hijos, pero no a los de los restantes miembros de nuestra especie. Existe también un motivo biológico para proteger a los descendientes de nuestros familiares consanguíneos, pero el vínculo genético se atenúa rápidamente y no basta para justificar la protección más allá de sobrinos o nietos. Es más, el infanticidio selectivo de niñas, ampliamente extendido en China e India, responde perfectamente a la lógica de la selección natural, pues los hombres tienen mayor éxito reproductivo que las mujeres. Y además, el infanticidio resulta más frecuente en la naturaleza de lo que creemos.

Peces como la merluza, el lucio, el bacalao y la trucha suelen practicar el canibalismo. El tamaño de las presas que un pez puede ingerir está determinado directamente por el diámetro de su boca y rara vez superan en un tercio a la longitud del depredador. Además, en los peces, el tamaño está directamente vinculado a la edad y por lo tanto, en los peces el canibalismo siempre está asociado al infanticidio. A diferencia de los mamíferos, los peces no parecen capacitados para reconocer mediante señales químicas el grado de parentesco entre ejemplares. En este contexto,  existe la probabilidad de que los progenitores puedan devorar, inadvertidamente, a su descendencia, aunque se trata de una posibilidad muy pequeña en poblaciones formadas por millones de ejemplares. Por lo tanto, no existe ninguna presión selectiva para la aparición de mecanismos destinados a evitar  la aberración evolutiva de un padre devorando a su descendencia.

El infanticidio alcanza costas mucho más sofisticadas en aves y mamíferos. Entre las primeras suelen ser los hermanos mayores quienes maten a los menores. Se trata de un fenómeno conocido como caínismo y resulta muy habitual en las rapaces, aunque no exclusivo de ellas. Las rapaces suelen ponen dos huevos por nidada, separados entre sí por unos pocos días. Este lapso de tiempo resulta suficiente para generar una notable diferencia de tamaño entre los hermanos. Durante los primeros días, el mayor monopoliza el alimento aportado por los padres y luego suele acabar con la vida del menor, a picotazos o tirándolo del nido. Los progenitores contemplan la lucha entre sus vástagos con absoluta indiferencia, como sí aprobaran el comportamiento del asesino. En realidad, el segundo huevo constituye simplemente una especie de seguro de accidentes, cuyo pollo sólo tendrá oportunidades de desarrollarse si su hermano muere accidentalmente. Los padres parecen tenerlos claro desde el principio y no pierden el tiempo en impedir un desenlace para nosotros incomprensible.

En los loros del género Eclectus es la propia madre quien opta por asesinar a alguno de sus hijos cuando cree inviable la supervivencia de toda la nidada. La puesta consta siempre de dos huevos, pero en muchos nidos sólo llega a volar un pollo, generalmente de sexo femenino. Las hembras de Eclectus permanecen en el nido junto a las crías y son alimentadas por diferentes machos.  Los machos visitan con menos frecuencia los nidos susceptibles de inundarse y por lo tanto los pollos reciben menos alimento que los afortunados con la suerte de haber nacido en nidos menos vulnerables. En esta situación, las hembras suelen matar a uno de los pollos y cuando son de diferente sexo, el macho lleva las de perder. La preferencia por las hijas se basa en la menor duración de su desarrollo, lo que implica un menor coste para la madre. De este modo, ante la limitación de recursos, las hembras intentan maximizar las posibilidades de éxito del único descendiente vivo.

En los mamíferos el infanticidio resulta mucho más habitual, sobretodo entre los primates, los osos y los leones, pero generalmente es causado por los machos. Las hembras lactantes de estas especies ovulan nuevamente al poco de perder las crías, lo que les permite reproducirse de forma prácticamente continuada. Por ello, cuando un macho entra en contacto con una hembra lactante, primero intenta matar a las crías y luego retener a la hembra hasta su nueva ovulación. En los leones  y primates, la vida social reduce en gran medida el infanticido. El macho dominante es el único con el privilegio de aparearse y, dando por sentada la paternidad de todos los cachorros de la manada, opta por defenderlos frente a la intromisión de cualquier otro macho adulto. Pero cuando un león viejo es derrotado por otro macho, el nuevo señor de la manada mata a todos los cachorros y luego se aparea con sus madres, quienes aceptan sumisamente la situación. No sucede así en el caso de los osos pardos, animales solitarios en los cuales corresponde a la madre defender a los cachorros de sus pretendientes. Fue precisamente el infanticidio el responsable de la desaparición de la población de oso autóctonos de los Pirineos, pues el asesinato recurrente de las crías provocó el colapso de la población. Obviamente, esto no hubiera sucedido en condiciones naturales, pero la población de osos se había reducido en tal medida debido a la persecución que el infanticidio constituía la única posibilidad de los machos para aparearse. Un claro ejemplo de cómo varias decisiones individuales razonables pueden provocar el colapso colectivo.

Si todo lo anterior se nos antoja violento, aunque justificable desde el punto de la selección natural, no sucede lo mismo con el infanticidio entre los leones marinos sudamericanos (Otaria flavescens). Esta especie se reproduce en grandes colonias de crías. Los machos adultos, de hasta 300 kilogramos, son los primeros en llegar a las playas y monopolizan a las hembras a medida que se acercan a parir. Durante la semana inmediatamente posterior al parto, el macho no se separa de la hembra, impidiéndole ir al mar a alimentarse. En cuanto la hembra ovula, se produce la cópula y una vez el macho asume la fertilización de la hembra, se desentiende de ella. A partir de ese momento, la hembra alternará viajes al mar para alimentarse con estancias en la playa para alimentar a su cachorro. Las colonias de cría se hallan rodeadas por machos subadultos, fisiológicamente capaces de reproducirse pero incapaces de retener a una hembra contra su voluntad y, mucho menos, de enfrentarse a un macho adulto completamente desarrollado. Sin embargo, los machos subadultos no se resignan a un papel secundario y periódicamente atacan en grupo las colonias.  De este modo, intentan desbordar a los machos adultos y poder copular con alguna hembra receptiva. Las hembras, no obstante, suelen huir, a lo que los subadultos responden atacando a las crías. Aquellas cuya madre está en la playa pueden morir aplastadas por el tumulto, pero en general se hallan seguras. No sucede así con aquellas crías cuyas madres están en ese momento en el mar. Absolutamente impotentes, son apartadas de la colonia mientras los subadultos se las disputan, para acabar ahogadas o aplastadas por unos monstruos de 200 kilogramos. Los machos subadultos no obtienen ningún beneficio de todo ello, pero tampoco son penalizados. En este contexto, la selección natural no puede actuar sobre este comportamiento absolutamente improductivo y claramente maladaptativo.

Lejos de ser algo anecdótico, los machos subadultos acaban con la vida de la mitad de las crías nacidas en colonias pequeñas, formadas por un único macho y unas pocas hembras.  La importancia del infanticidio disminuye con el tamaño de las colonias, pero cuando hay menos de 100 crías constituye la principal causa de muerte de los cachorros. A partir de las 100 crías por colonia, la probabilidad de que los subadultos capturen y maten crías disminuye notablemente. Esto explica porqué, tras el cese de la explotación comercial de la especie en Argentina, en la década de 1960, la población permaneciera prácticamente estancada durante dos décadas; las colonias eran tan pequeñas que el infanticidio reducía de forma apreciable el éxito reproductivo.

Resulta cada vez más frecuente remarcar la ausencia de diferencias relevantes ante animales y humanos, basándose en datos anatómicos y genéticos. Quienes así hablan, olvidan las notables diferencias de comportamiento. Todo en el comportamiento animal responde a un único propósito: aumentar el éxito reproductivo. El comportamiento humano más primario atiende al mismo motor, pero, afortunadamente, hemos sido capaces de desarrollar pautas de comportamiento diferentes. El infanticidio selectivo de niñas tiene una clara justificación evolutiva, pues a la larga los niños tienen un mayor éxito reproductivo y un menor coste económico. Y sin embargo, este comportamiento, explicable desde el más puro darwinismo, carece de toda justificación moral. Cuanto más nos alejamos del comportamiento natural, cuanto más nos alejamos de las decisiones instintivas dictadas por el “gen egoísta” de Dawkins, más humanos nos hacemos. Esa es la diferencia entre civilización y barbarie, entre naturaleza y humanidad.

Centroismaeldorado.com utiliza cookies para mejorar nuestros servicios y la experiencia de los usuarios, facilitando la navegación. Si continua navegando por nuestra Web consideramos que acepta su uso. Puede saber más sobre el uso que hacemos de las cookies, o bien conocer cómo cambiar la configuración de su navegador, clicando en (Política de Cookies).

Para aceptar el uso de cookies clique en este botón -->