CUANDO HASTA EL MISMO AIRE TIENE ESPINAS

 

          Segismundo atado a la noche por sus cadenas de plata, se debatía en un soliloquio donde el alma de los sueños se confunde con la realidad y donde amiga, en ocasiones, los sueños se convierte en pesadillas.

"Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son..."

           Arrancaba a la vida el mismo Platón la idea y hacía suya tu pregunta “¿me pregunto quién se atreve a soñar?”. Según Platón, el hombre vive en madurarun mundo de sueños, de tinieblas, cautivo en una cueva de la que sólo podrá liberarse tendiendo hacia el Bien; únicamente entonces el hombre desistirá de la materia y llegará a la luz.

         Segismundo se debate en un mundo donde “el mundo no se detiene” y donde vive y se debate en la ponzoña insondable de una cárcel, de una caverna, donde permanece en la más completa oscuridad por el desconocimiento de sí mismo; sólo cuando es capaz de saber quién es, consigue el triunfo, la luz. Conocerse mi amiga…. una imagen distorsionada y esperpéntica como los espejos cóncavos y convexos del Callejón del Gato donde Max Estrella clamaba ante una vida grotesca donde las “cicatrices de una vida a veces hacen que no nos reconozcamos”.

           Y sí amiga, madurar es a veces cuestión de un minuto, de un suspiro, de una decepción o de una lágrima. Toda la confusión, la rebeldía, la valentía, pasa por tus ojos como una estrella fugaz tejiendo un haz de luces que nunca vimos, pues la mirada se ocupaba del que a modo de amante, olvidó en el último instante escribir su dirección.

           Como en una mano de cartas, en las que juegas sin trampa apostando tu alma, sabes que ganar o perder es relativo, que no hay nada que dure menos que un beso y que siempre se recuerda el fulgor de una caricia. Que hay que aceptar que madurar es trabajo de cada día, levantando la cara ante las heridas y no dejar de sonreír, soñar y vivir como el niño que nunca piensa en un mañana, que ama como si no pudiera volver a verlo más o como si hoy fuera el último día.

           Madurar es sin duda eso, ser feliz, ser feliz sin hacer daño a nadie, levantarse a pesar que duela, improvisar ante situaciones adversas, iluminar la mañana con tu sonrisa y decirle a la vida que no pierda el tiempo con el que tiene decidido vivir intensamente. Hay veces que merece la pena dejar la batalla, colgar la espada afilada tantas y tantas veces, sentarnos con los pies colgando y disfrutar de un amanecer. El mundo avanza más rápido cuando mueve nuestro cuerpo un aroma de jazmín y tu sonrisa, como la vela de un barco,  empuja tu mirada al infinito de un futuro que aparece a cada paso y a cada suspiro. 

 
 

PERDER UN MINUTO EN LA VIDA O LA VIDA EN UN MINUTO

 

           A modo del último Mohicano, creo pertenecer a una raza en extinción, la raza de los que respetamos los semáforos y cruzamos de forma pasos-cebracorrecta.

 

           No dejo de maravillarme que de cada diez personas que cruzamos, como mucho uno, espera a su fase correcta. El resto debe tener algo importantísimo que hacer, algo que le impide perder un minuto a lo máximo, algo que le impide ser un “ciudadano respetuoso”, una persona que decidió no poner en riesgo a los otro cuando cruza mal, aún no viniendo nadie.

 

           Si después de cruzar mal la calle un coche, una bicicleta, etc. se salta su fase, no dudará en lanzarle improperios recordándole la obligación de parar….¿cínico verdad?.

 

           Un día pensé lo que me separaba de una persona que cruza mal, ¿cinco minutos en 24 horas?, pero una cosa tengo clara, demuestro mi educación esperando mi fase y más aún cuando los que cruzan mal van acompañados de sus hijos pequeños demostrándoles que la cultura, la educación, las cruzar telefono normas, el respeto, es algo que se puede saltar corriendo siempre que no te pillen.

 

           Yo me sumo a la campaña de cruzar bien, de no hacerlo hablando por el móvil, de no tirar papeles ni chicles al suelo, de no estropear las cosas de mi ciudad, de pararme a ayudar a los que buscan una calle, de dar las gracias a los coches que detienen su marcha en los pasos de peatones, de sonreír, yo amigos me sumo a la campaña de una ciudad mejor y más humana. El resto podéis seguir con vuestras prisas y vuestras carreras para llegar un minuto antes que el resto a ningún lugar.

 

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