SOLUCIONAR CONFLICTOS

No nos engañemos amigos, hay personas que viven felices en el conflicto permanente y además son especialistas en dar giros en el aire haciéndonos caer en su trampa una y otra vez.

conlicto-i-2No podemos evitar los conflictos pero sí podemos evitar a las personas conflictivas. A lo largo de la vida nos han enseñado fórmulas magistrales para gestionar los problemas, buscar soluciones pero al llegar a la parte práctica fallamos de forma estrepitosa.
El ser humano quiere vivir en armonía pero sobrevive entre conflictos. Una reunión de vecinos puede ser un campo de batallas si aquel vecino que se estudia las cuentas, que siempre tiene objeciones, que siempre tiene la razón, consigue sacarnos de nuestras casillas.

El terreno de la pareja es también un lugar de frecuentes desencuentros donde tenemos que poner a prueba de forma permanente nuestra capacidad de negociación y por encima de todo, nuestra capacidad de ceder. El tema no está en mostrarle al otro lo que hace mal, el éxito está en explicarle cómo hacerlo bien para que pueda llegar a acertar en un mar de normativas muchas veces "Kafkiano".
Todos nosotros, a nivel personal, tenemos desencuentros de alguna clase en nuestras relaciones, pero aplicar ciertas pautas de autocontrol puede abrir vías de acuerdo. Un conflicto es un desacuerdo persistente entre personas o entre colectivos humanos. Es un choque de egos y de intereses. La forma puede adoptar diferentes apariencias: mala comunicación, intereses opuestos, opiniones encontradas, incompatibilidades, discusiones, peleas... pero en el fondo todo eso es reflejo de la necesidad oculta de "tener la razón". La intensidad y cantidad de confrontaciones de una persona o colectivo es proporcional al nivel de autocontrol. Cualquier persona debería preferir tener paz a tener razón.

Todo desacuerdo implica una serie de emociones: un deseo o voluntad no satisfecha que genera frustración, decepción, enfado, ira, agresión, violencia. Estas tres primeras emociones –que forman parte del ámbito interno– cristalizan en aquellos tres siguientes comportamientos en el ámbito externo.
En muchas ocasiones pensamos que los problemas no tienen solución cuando todos la tienen. Sólo con bajar nuestro nivel de activación, respirar y relajarnos hará que aparezca ante nosotros un amplio muestrario de soluciones y alternativas que antes se nos resistían. La realidad es que siempre hay una opción de acuerdo, lo que ocurre es que no gusta. Por alguna razón creemos que las soluciones deben ser agradables y fáciles y, sobre todo, que impliquen un beneficio a costa del perjuicio del otro. Pero no todas las alternativas son fáciles, la paz también tiene un precio. El problema, el único, es que las partes no quieren pagarlo: desean una salida gratis, sin concesiones. No es realista.
Ante un problema, ante un desencuentro lo mejor y más recomendable es la rapidez. Cuanto antes se actúe, mucho mejor, porque cuando los ánimos se caldean, hace falta mucha agua para enfriarlos de nuevo. Cuando el problema empieza a hacerse visible, es el mejor momento para atajarlo; después ya puede ser tarde.
Mantener una brecha abierta tiene sin dudas costes emocionales, físicos, laborales, familiares, etc. Perdemos tiempo y energía pero también perdemos oportunidades de ser felices y enfocar nuestra energía a crecer en vez de a anularnos.

En palabras de Raimón Samsó, para resolver un conflicto podemos probar con estrategias como:

- Dejar de hacerlo más grande. Empeorar las cosas no es parte de la solución, sino del problema. Centrarse en reducir las diferencias es más útil que aumentarlas.
Cuando lo de siempre no funciona, toca hacer otra cosa. Las crisis auténticas lo son de falta de imaginación y creatividad.
- Dejar de alimentarse de viejas creencias. Cuando no se es capaz de pensar en nada diferente no se encuentran salidas diferentes.
- Actuar más y no perderse en las explicaciones. Teorizar en las explicaciones para entender no significa que sirva para llegar a un acuerdo; mejor actuar.
- Buscar puntos de acuerdo y no de desacuerdo. Dedicar casi toda la sesión de negociación a lo que se está de acuerdo facilita después resolver los puntos de desencuentro. P- - Pasar del detalle a lo global. La perspectiva amplía el punto de mira y permite ver detalles que antes no se consideraban.
- Cambiar el vocabulario. Hay expresiones y palabras negativas que no ayudan a resolver y otras positivas que sí.
- Dejar de juntarse con los que tiran balones fuera. Es obvio que no conocen cómo resolver conflictos, mejor frecuentar gente responsable.
- Hacerse buenas preguntas. ¿Cuándo aparece y cuándo desaparece?, ¿dónde, con qué frecuencia y con quién aparece?, ¿qué hace que vaya a mejor y a peor?, ¿de qué sirve?, ¿qué hace que no vaya peor?...

Y por encima de todo dejar de tener "razón". Hay personas que nunca aceptarán que todos en un conflicto tienen su razón y que por alguna insospechada razón, puede ser que ésta vez, esté equivocad@.

 

CUANDO LO QUE SE PIERDE ES EL ALMA

        Las catástrofes siempre son terribles más por el daño moral y emocional que producen que por sus consecuencias materiales. Mi pensamiento voló estos días por los escombros de un edificio derrumbado en Carabanchel donde muchas familias perdieron todo.

Resulta curioso escuchar las noticias donde centran el interés en si tenían seguro como si algunas cosas se pudieran suplir con dinero mientras en la mirada de las víctimas se reflejaban aquellos recuerdos, unas fotografías casi borradas, unos seres que vigilaban desde el marco encima de un aparador, ahora sepultados por la amalgama implacable de ladrillos que devoraron aquellas caricias, aquellos instantes y aquellos instantes de toda una vida.

derrumbeEs curioso que el lugar se llenó de jefes, políticos, responsables, delegados, etc., que desaparecieron como el humo cuando pasó el momento de dar abrazos, de salir en los medios o de hablar ante un micrófono. En su lugar quedaron muchos profesionales de las emergencias, que con más corazón que medios, rebuscaron entre los escombros, entre el polvo que tragaban, sacando trozos de vida para ponerles un nombre y un rostro. Es curioso amigos que cambie la situación que cambie,  al final,  siempre acaben llenos de penar los mismos, seres que pese a su profesionalidad no dejaban de tener el corazón arrugado ante el pensamiento de "y si éstos escombros fueran mi vida".

Mi mayor y emocionado abrazo para aquellas personas que en filo de la noche abandonaron sus hogares y sus recuerdos para no encontrarlos jamás, pero también mi mayor homenaje a todos los que con su esfuerzo, dedicación, valor, honor, amor y solidaridad dan y dieron lo mejor de ellos por ayudar. Gracias amigos de Policía Municipal y Nacional, Bomberos, Samur, Servicios Sociales, Protección Civil, Arquitectos municipales y demás servicios que al volver de su jornada llevaban las botas llenas de polvo y el corazón partido.


Como siempre demasiado jefe y pocos psicólogos para atender no sólo a las víctimas sino también a los miembros de las emergencias que como los Policías Municipales, carecían de toda equipación adecuada dándoles en algunos casos una mascarilla de juguete, permaneciendo siempre en el lugar ayudando y custodiando los restos y hogares, ante el polvo y el calor cuando los políticos y jefes se marchaban tras las fotos a sentarse en sus mullidos sillones bebiendo agua bien fría.

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