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Perfil de un adicto al cibersexo

El cibersexo esporádico y controlado no es malo, incluso puede ser una propuesta de terapia sexual, sin embargo cuando se vuelve una práctica compulsiva y descontrolada ya sí que es un problema: el 8% de la población es adicta al cibersexo y la mitad de ellos tienen pareja estable, ¿cómo influye en su vida cotidiana?

EFE/ Juanjo Martín

“…he intentado con todas mis fuerzas hacer ejercicio, no perder el tiempo en casa (…) tratar de volver a jugar con mis hijos o tener sexo nuevamente con mi mujer…todo ha fracasado, el problema con mi sexualidad continua. ¿Y cuál es su problema? (…) Hace 17 años que me masturbo 7 veces diarias ante vídeos pornos”.

En esta ocasión, este testimonio pertenece al libro “Atrapados en el sexo”, del psiquiatra Carlos Chiclana, pero nada más lejos de la realidad, esta situación, o parecida, la vive el 8% de la población, el 6% hombres y el 2% mujeres, entre 25 y 50 años y la mitad de todos ellos con una relación de pareja estable. Es la adicción al cibersexo.

Según el doctor Joan Mir Pizà, médico sexólogo y miembro del Grupo de Sexología de SEMERGEN, “el cibersexo es el consumo de sexo a través de internet, sea mediante chats (con o sin webcam), cuya temperatura erótica va ascendiendo o mediante webs pornográficas, cuya visualización desemboca normalmente en conductas masturbatorias”.

Su consumo esporádico y controlado, tal y como afirma el doctor Mir Pizà, “es a veces incluso una propuesta de Terapia Sexual que los terapeutas sugerimos en parejas con bajo deseo sexual, siempre que los dos miembros de la pareja muestren su acuerdo”. Por tanto, su uso controlado, voluntario y aceptado puede incluso enriquecer la relación y ayudar en la pareja.

¿Cuál es entonces el problema? Su uso compulsivo, descontrolado, su dependencia e interferencia grave en la vida cotidiana que lleva a esa ciberadicción sexual. Como exponía el médico sexólogo en su ponencia durante las Jornadas Nacionales de Salud Sexual SEMERGEN en Valencia, y en palabras del psiquiatra Josep Mª Farré, del Instituto Dexeus de Barcelona, “muchos pueden pensar que la adicción al sexo es una suerte más que un problema de salud. Sin embargo, son personas que ven peligrar su estabilidad emocional, sus relaciones familiares y sociales o el trabajo por causa de un impulso imposible de frenar”.

Dentro de la adicción al cibersexo existen dos tipos:

  • Adicción al cibersexo por chat: a través de conversaciones online de tipo sexual.
  • Adicción a la pornografía online: consumo de pornografía disponible en Internet.

Teclear “sexo” en Internet

Ni siquiera tenemos que pulsar las cuatro letras, basta con escribir la “s”, la “e” y por su puesto la característica “X”, para que nos salten a la pantalla mensajes de sexo gratis y vídeos porno.

Y los datos lo delatan: la palabra “sexo” es ingresada en los buscadores unos 5 millones de veces al día, según la página Hitwise.com.

Pero otro número aún más llamativo si cabe es que el 43% del contenido de Internet es sexo y pornografía. 30.000 personas están viendo pornografía cada segundo y el 25% de las búsquedas en la web son pornográficas.

El cibersexo, más común de lo que pensamos

“Es elevadísimo el porcentaje de personas que hacen uso de chats eróticos, en proporción similar en ambos sexos y/o pornografía en la red, con un amplio predominio masculino, ya que el varón se estimula más a través de la vista”, afirma Joan Mir Pizà.

Hablamos en este caso de un consumo controlado y reducido del cibersexo, que se practica en ocasiones por curiosidad y en otras para incrementar el motor de deseo en las parejas. Pero la adicción es muy diferente, va más allá, es un problema de salud.

La adicción al cibersexo afecta principalmente a clases socio-económicas medio-altas y como asegura el experto en sexología, “se instala más fácilmente en un cerebro adictivo y en una personalidad buscadora de sensaciones potentes. Es la adicción más negada por su rechazo social”.

“Cuando se escapa su control voluntario ya entramos en un trastorno psicopatológico, crónico y grave que se llama ciberadicción sexual. Los pacientes no son capaces de controlar sus impulsos y carecen de conciencia de problema. Con negación y autoengaño van agravando su cuadro”.

Qué te lleva a esta adicción

El doctor Mir Pizá, durante su ponencia en Valencia, explicó los factores de riesgo por las que una persona, en mayor porcentaje un hombre, se convierte en un adicto al cibersexo:

 

  • Varones buscadores de sensaciones potentes.
  • Aislamiento social afectivo.
  • Historias de abusos sexuales en la infancia.
  • Déficit de habilidades sociales.
  • Baja autoestima.
  • Alta introversión.
  • Estados emocionales negativos.
  • Disfunciones sexuales.
  • Baja tolerancia a la frustración.

¿Cómo podemos saber que alguien padece este trastorno?

  • Aparecen cambios físicos: deterioro en el estado general, alteraciones en el ritmo de sueño, variación en el peso o cansancio.
  • Cambios en el estado de ánimo: ansiedad, tristeza, irritabilidad, impaciencia, aislamiento o intolerancia.
  • Cambios en los estudios o en el trabajo: disminución del rendimiento, retrasos, ausencias o conflictos.
  • Cambios en las relaciones familiares o sociales: discusiones frecuentes, desconfianza, secretismo o deterioro de las amistades.

Otra de las cuestiones que seguramente nos planteemos es por qué hay personas que prefieren recurrir a este tipo de práctica sexual. Las razones son varias: el anonimato, la opción de encontrarlo de manera ilimitada, la privacidad, la accesibilidad y rapidez, la fácil interacción, el sexo sin riesgo o la ausencia de compromiso.

La vida de un adicto al cibersexo

Su tiempo y su energía se esfuman con el cibersexo. Su vida gira alrededor de esta práctica, lo que el médico sexólogo denomina como “saliencia”. “Son personas adictivas, enfermas, con un trastorno del control de los impulsos que necesitan ayuda especializada”, asegura el doctor.

Su vida no es normal, apenas gozan de sus conductas sexuales y el cibersexo solo les alivia la tensión momentáneamente. Su vida personal sufre un deterioro progresivo y tienen un menor rendimiento laboral, arriesgándose al despido.

Abandonan sus amistades y se someten a un riesgo de infecciones de transmisión sexual cuando del ordenador se pasa a las citas en vivo. Puede ocasionar trastornos mentales: ansiedad, depresión, fobia social, trastornos de la personalidad o consumo de sustancias de abuso.

La mitad de los adictos al cibersexo tienen pareja. ¿cómo reacciona cuando se entera de que convive con un adicto al cibersexo? Los sentimientos son claros: decepción, sentimientos de culpa e inferioridad, baja autoestima, soledad y puede llevar a la separación.

El precio de la adicción al cibersexo

Las cifras que el director de Espai Terapèutic (Palma de Mallorca) acercó durante su ponencia en las Jornadas de Salud Sexual de SEMERGEN, revelan el precio de ser un adicto al cibersexo:

  • El 40% pierde a su pareja.
  • El 36% de las mujeres abortan.
  • El 27% tienen problemas laborales.
  • El 68% se arriesga a contagiarse con Enfermedades de Transmisión Sexual.
  • El 72% general ideas obsesivas suicidas y el 17% lo ha intentado.

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